Febrero 08
09:50 | Columnistas
Luminarias (por Luis Tarullo, DYN)
En medio de los variados interrogantes, Hugo Moyano dedicó estos días a intensificar su acción como operador político del gobierno.
Luis Tarullo, DYN
En medio de los variados interrogantes que se ciernen sobre el mundo laboral, Hugo Moyano dedicó estos días a intensificar su acción como operador político del gobierno.
En ese sentido, la ocupación del jefe de los camioneros y de la CGT fue hostigar a varios de los posibles aspirantes a conducir el país opositores a Néstor Kirchner.
Sus blancos favoritos fueron Francisco de Narváez, Carlos Reutemann y Eduardo Duhalde, aunque en el caso del ex gobernador bonaerense no fue tan duro como con los demás, algo que ya había demostrado con anterioridad.
En el ataque a De Narváez, el dirigente camionero llegó al punto de la descalificación e, incluso, arriesgó que le ganaría una elección interna. Lo que recibió del empresario –que a diferencia del titular cegetista evitó las alusiones personales– fue lo que no les gusta escuchar a los gremialistas: que el actual sindicalismo no es el que necesitan los trabajadores, sino que debe aggiornarse para representar a todos los habitantes de ese sector.
En ese marco, el dirigente que batió a Kirchner en las últimas elecciones mencionó con acierto otra mácula de la realidad laboral argentina que a su criterio los sindicalistas no atienden: los millones de trabajadores en negro.
De esta manera, dio una idea concreta del tipo de gremialismo por el que bregará en caso de acceder a cargos de mayor envergadura.
En cuanto al caso de Reutemann, Moyano usó un lenguaje zumbón, sin reconocer que el ex corredor de Fórmula 1 fue gobernador de Santa Fe, históricamente una de las provincias más importantes, y más de una vez senador.
Pretendió ignorar que, justamente, en los últimos comicios, Lole logró renovar su escaño de la Cámara Alta ganándole al socialismo gobernante en su provincia y, a la vez, con una postura crítica hacia el kirchnerismo, reforzada tras el conflicto del campo.
El senador peronista, sobre quien también hay puestas expectativas en cuanto a una eventual candidatura presidencial, mantuvo inteligente silencio. Seguramente, interpretó, como muchos otros, que las críticas de Moyano se transforman automáticamente en réditos para el destinatario.
En cuanto a Duhalde, el líder camionero insistió con que no cree que pueda volver a la Casa Rosada pero lo definió como un “militante de hace muchos años” que “tiene todo el derecho” a buscar la presidencia.
CALENTANDO MOTORES. Este racconto de las incursiones de Moyano muestra de manera palmaria la escalada del oficialismo en materia política, calentando motores para la batalla que se intensificará en los próximos meses y llegará a su punto máximo en el 2011.
El mandamás cegetista posee el “target” adecuado para la actual etapa de ataque oficialista a los rivales del kirchnerismo.
Claro que, en este caso, está actuando casi en solitario, ya que hasta la mayoría de sus propios compañeros de ruta prefieren la cautela y esperar la evolución de los acontecimientos, cuando haya más claridad en cuanto a candidaturas. Ni hablar de los otros grupos sindicales, enfrentados o separados de Moyano, que ya anticiparon su adhesión, en esta primera instancia, a Duhalde.
Pero también hay que poner atención a los movimientos de esos sectores en el caso de que aparezcan nuevos postulantes, aunque en ellos mismos anide incertidumbre acerca del rol que les reservarán esos eventuales candidatos.
Entretanto, las expectativas de los representados por los gremialistas están puestas en lo más inmediato y urgente: sostener las fuentes de trabajo y mejorar los sueldos.
La línea que, aunque a cuentagotas, parece estar ganando terreno, es la de los acuerdos cortos y en más de un caso con sumas fijas.
El año pasado se dio a esta altura un proceso similar, pero la excusa fueron las elecciones legislativas.
En este ciclo parece haber razones más preocupantes, como dudas sobre la evolución de la economía y, en ese marco, el avance de la inflación. Encima, este punto crucial para la discusión de las mejoras salariales sigue ensombrecido por el escepticismo acerca de las cifras oficiales sobre el costo de vida.
En las últimas semanas fueron conociéndose algunos acuerdos, que se fueron dando especialmente en el rubro de servicios, con sumas fijas con diversos mecanismos de otorgamiento e incorporación a los haberes.
Pero, a la luz de las dudas sobre la actividad económica, y con creciente debate político, la temperatura en el tema salarial irá in crescendo cuando llegue el turno de las negociaciones en el sector de la producción. E indudablemente, las discusiones estarán encaminadas a recuperar el terreno en materia de poder adquisitivo, que los sueldos fueron perdiendo por la erosión producida por el incesante aumento de precios.
O sea, otra vuelta de la rueda loca que nunca deja de girar, pese a que hoy las diatribas políticas parezcan tener más luminarias que otras cuestiones esenciales.
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