Diciembre 16
06:56 | Provincia
rebeldía juvenil
Fracaso socioeducativo: el miedo a los chicos
La “alarma” que causa el comportamiento rebelde de los adolescentes tiene antecedentes en la Antigüedad. O sea, no es nada nueva pero siempre parece que estamos peor. La violencia y su relación con las falencias familiares y educativas. La clave de luchar contra las razones profundas.
Alejandro Castro Santander <redaccion@elsoldiario.com.ar>
"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres". (Pitágoras, siglo IV a. de C.) Así como hemos violentado al mundo natural y él nos responde con cambios que afectarán el futuro de todos, en el mundo social vemos cómo las antiguas violencias y aquellas que continúa generando el hombre acaban enfermando el tejido social.
Enfermos de egoísmo, intolerancia y malos tratos, los adultos hemos contagiando a muchos niños y jóvenes. No existe un grupo social que sobresalga sobre otro, pero sí distintas formas de violencia en grupos sociales diversos. Con más o menos oportunidades, no esperan disciplinadamente que el mundo adulto los autorice a participar. Buscando un lugar, cualquier lugar, están actuando ya según lo que han visto y aprendido y, desde hace algunos años, el mundo adulto comienza a tenerles miedo.
El miedo es una emoción que compartimos con los animales y nos lleva a reaccionar frente a un peligro de manera agresiva o defensiva. Pero en el caso del hombre existe también un miedo fruto de la inseguridad que provoca considerar al mundo lleno de riesgos y sentirnos vulnerables para escapar o hacerles frente.
Confiamos en que una nueva época impulsada por la ciencia terminaría con los desastres naturales, las catástrofes medioambientales, las guerras, el hambre, y muchos otros males pero continuamos viviendo en un siglo que persevera en generar peligros, y así derivan ansiedades y miedos.
De aquella excesiva confianza en que la ciencia y la tecnología resolverían las antiguas y las nuevas amenazas pasamos al temor que produce sentirnos desvalidos e incapaces (gobiernos y ciudadanos) de encontrar las respuestas adecuadas a la pobreza, el analfabetismo, la intolerancia, la corrupción, la injusticia, la impunidad, que ponen a todos contra todos y alimentan los viejos y los nuevos miedos.rebeldía-violencia-delincuencia.
El sociólogo Zygmunt Bauman habla de la paradoja de las ciudades construidas inicialmente para proporcionar seguridad a todos sus habitantes y que hoy asociamos más con el peligro que con la seguridad. Pero esta inseguridad que inicialmente atribuimos a los delincuentes o al aumento de la violencia juvenil en las calles también se está desarrollando en otros ámbitos de encuentro y, lo que es pero aún, en la convivencia familiar y escolar. Sea a causa del maltrato, el abandono, el descuido o la ignorancia en la crianza, crecen las denuncias por niños y adolescentes que se comportan como transgresores, descontrolados, violentos y, sobre todo, ingobernables.
Ya el Informe sobre la Violencia Juvenil de la OMS (2002) era categórico al describir la violencia juvenil como una de las formas de violencia más visibles "en las escuelas y en las calles", y confirmaba que ya en casi todos los países, los adolescentes y los adultos jóvenes eran "tanto las principales víctimas como los principales perpetradores de esa violencia".¿los jóvenes de hoy son distintos de los de hace 10, 25, 200 o más años? En qué época se pudo haber dicho esta frase: "No veo esperanza en el futuro de nuestra gente si dependen de la frívola juventud de hoy en día". ¿Mediados del siglo XX, ¿Fines del XX o comienzos del nuevo? Pertenece a Hesíodo, quien a mediados del S.VIII a.C. también recordaba: "Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y a respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones".
Platón (427-347 a. C.) se preguntaba: "¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas de pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?".
Miles de años han pasado y continuamos preguntándonos por ellos. La manera cómo se expresa la rebeldía juvenil ha existido desde la antigüedad, lo único que ha cambiado es la forma en que se expresa esa rebeldía.
Pasemos ahora a las calles de Atenas, donde los jóvenes recordaban la muerte de un chico de 15 años el año pasado (2008). El nuevo gobierno griego había desplegado a más de 6.000 policías en las calles de Atenas para intentar evitar una repetición de los disturbios en los que fueron destrozadas tiendas, atacados edificios públicos y quemados coches. Pero, como en Francia durante el 2005, "los disturbios se vieron avivados por el descontento de los jóvenes con el alto desempleo y la economía" (6 de diciembre del 2009).
Las preguntas que debemos hacernos los adultos, son: ¿qué les hemos enseñado con nuestro ejemplo?, ¿cómo hemos puesto límites?, ¿de qué forma hemos ejercido nuestra autoridad?, ¿qué mundo les entregamos para que desarrollen sus proyectos de vida?, ¿cuánta esperanza y optimismo les transmitimos por un futuro que es más de ellos que nuestro?
El futuro que deseamos necesita de pensadores que rechacen la creencia de que ya hemos hecho todo lo que se puede hacer para que nuestro mundo no sea tan temible.la delincuencia urbana. UN-Hábitat (Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos) confirma que en los países del sur, a partir de los años 80, la delincuencia ha crecido y lo continúa haciendo actualmente, en tanto que la violencia de los jóvenes lo hace de manera exponencial.
Al temor por la inseguridad aparecen propuestas y diagnósticos surgidos del estado de miedo de la comunidad y del oportunismo de los políticos. Así, la última década se ha caracterizado por soluciones que van desde bajar la edad de imputabilidad hasta el toque de queda para los menores de edad, pero, como insiste Bernardo Kliksberg, el enfoque puramente represivo ha demostrado ser muy ineficiente:
- Los expertos aseguran que no hay correlación estadística entre aumentar el número de presos jóvenes y la reducción del delito a medio y largo plazo.
- La desocupación juvenil (que excede 20% en todas las grandes ciudades de América latina), la
desestructuración familiar y la baja educación son las principales causas de la criminalidad en la región.
- El aumento de la población carcelaria y de las sentencias ha llevado a una inflación excesiva del gasto en prisiones y juzgados.
Muchos tenemos una convicción: todo pasa por la prevención, y esta tiene que ver con proporcionar respuestas educativas. El 70 por ciento de los delincuentes no tiene escuela secundaria. Muchos de quienes consumen drogas, tampoco. La falta de educación lleva a la exclusión y esta trae el delito. La sola represión expresa la incapacidad de los adultos para pensar estrategias que impacten sobre la realidad de la niñez y la juventud. Claro que, como todo lo que tiene que ver con la educación, precisa de tiempos largos, mientras que la respuesta más rápida y que puede calmar (por un breve tiempo) a los ciudadanos es la represiva.
Según Unesco y UNICEF, existen tres grandes causas que inciden en la conducta delictiva de los jóvenes:
1º) La desocupación juvenil, que excede 20% en todas las grandes ciudades de América latina. Un 25% de jóvenes que han debido desertar del sistema educativo por pobreza y están fuera del mercado de trabajo son vulnerables y se convierten en carne de cañón para el crimen organizado.
2º) La desarticulación de la familia. En diversos países, los estudios muestran que dos tercios de los delincuentes jóvenes vienen de familias desarticuladas. Si la familia funciona bien, previene la criminalidad. Debemos priorizar su cuidado porque es irremplazable.
3º) La baja calidad educativa. Sobre 40.000 presos en las cárceles argentinas, sólo 5% había terminado la secundaria o la universidad (ME 2004).otras violencias, la misma violencia juvenil. ¿Qué decimos cuando se producen desbordes de violencia juvenil en sectores que no están conectados con la marginalidad o la desprotección social? Cuando las transgresiones o crímenes son realizados por adolescentes no tienen causas objetivas reconocibles, cuando aparecen como el resultado de un vandalismo gratuito o como la descarga incontrolable de un estado de ánimo. Antes de responder no podemos dejar de preguntarnos ¿con qué estamos alimentando el corazón y la cabeza de los chicos?
No podemos aislar la violencia juvenil de otros comportamientos incivilizados. Los jóvenes violentos tienden a cometer distintos delitos. A menudo presentan otros problemas, como el ausentismo y el abandono escolar, el abuso de sustancias, y acostumbran a ser mentirosos compulsivos y conductores imprudentes. Pero, la OMS reconoce también que no todos los jóvenes violentos tienen problemas significativos además de su violencia ni todos los jóvenes con problemas son necesariamente violentos.
Existen conexiones entre la violencia juvenil y otras formas de violencia. Presenciar agresiones en el hogar o sufrir abuso puede condicionar a los niños o adolescentes de tal modo que consideren la violencia como un medio aceptable para resolver problemas.
Fuera de la ficción, en Brasil, las fuerzas de seguridad pública y privadas han hecho una guerra a los chicos que delinquen, asesinando entre 1988 y 1990 más de 4.600 niños y adolescentes, de los cuales 82% era afrobrasileño.un tirano en casa. También se puede violentar el desarrollo de los niños con errores y omisiones en la educación familiar, que terminan convirtiendo al hijo en un tirano cruel.
En general, los expertos coinciden en que los niños y adolescentes que maltratan a sus padres son fruto de carencias educativas y/o factores psicopatológicos. En el caso del fenómeno conocido como "síndrome del emperador", tenemos como protagonistas ejecutores, sobre todo, a hijos varones, y a las madres como las víctimas principales, ya que son percibidas como más débiles y se encuentran más tiempo en contacto con ellos.
Es un tipo de violencia que se da más en familias de clase media y alta y se materializa tanto de modo físico como psicológico, respondiendo a los parámetros más habituales de la violencia que existe en nuestra sociedad: desde manifestaciones sencillas, como desplantes o amenazas, hasta los insultos y las agresiones físicas de distinta intensidad.
Esta violencia se plasma también por parte del hijo en el rechazo de pautas vitales propuestas por los padres, creyendo que, de este modo, se opone a ellos y llega a incomodarlos y a causarles daño: el abandono de los estudios, el marcharse de casa en la adolescencia sin contar con el apoyo de los padres o el permanecer en el hogar familiar, situándose de un modo manifiesto al margen de la vida que en él se desarrolla.
En general, se señala que los padres soportan la violencia generada por los hijos hacia ellos porque:
- Lo consideran un comportamiento normal, motivado por la edad y por sus procesos de afirmación de la personalidad.
- Por el temor de los padres a exponer su fracaso como tales.
- La convicción de que es un tema que atañe estrictamente a la familia y en ella debe ser resuelto.
- La impotencia que nace del sentimiento de que no existen soluciones a la situación.
Por lo general, se trata de adolescentes varones con edades entre 12 y 18 años, sus agresiones más "primarias", más brutales son desde el punto de vista físico, ya que las acciones protagonizadas por las chicas se caracterizan por un carácter psicológico más "refinado", dirigiéndose menos a lo físico y más a los sentimientos.
Algunos autores hablan de la ausencia de factores genéticos en los agresores, ya que se trataría, según ellos, de una conducta que no tiene su raíz en lo biológico, sino a causas del tipo ambiental inmediato o general. Es así que los profesionales hablan de un niño "malcriado", y los mismos padres se sienten culpables por errores en la educación del hijo, sin comprender con claridad cuáles han sido éstos.
Quien desde niño percibe que las situaciones de poder se basan más en la posesión de los medios para imponerla violentamente y que finalmente es la violencia el único camino para prevalecer no llega a tener conciencia de que hay otros procedimientos y, cuando su edad y su físico se lo permiten, se dedica a "imponer su ley" tal y como ha visto y aprendido en su entorno familiar.niños y economía. Investigadores y economistas ya no dudan en considerar como el parámetro más importante para medir si una economía es exitosa, lo que se hace por los niños. Muchos países de América latina mostraríamos con vergüenza un escandaloso fracaso.
Para reducir la inseguridad que padecemos hay que actuar con decisión sobre sus causas profundas. La mejor educación para todos, crear empleo para jóvenes en gran escala, pero, al mismo tiempo, debemos proteger y fortalecer a la familia, insustituible a la hora de prevenir las viejas y nuevas violencias y la mejor formadora de ciudadanía.
Las respuestas a la inseguridad y al miedo no pueden ser sólo represivas. Pero para pensar preventivamente hace falta voluntad de cambio, buenas ideas y la esperanza de que, a través de los más chicos, podemos cambiar toda la sociedad.
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