Los documentos de Wikileaks, nuevo dolor de cabeza para Obama
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mandó a su consejero de seguridad, James Jones, a condenar en duros términos la difusión de documentos secretos sobre la guerra en Afganistán.
DPA
Las filtraciones del sitio Wikileaks, publicadas por The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, fueron “irresponsables” y “ponen en riesgo la vida de los estadounidenses” y sus socios en Afganistán, criticó Jones. Pero las palabras de condena difícilmente pueden ocultar lo que demuestran los documentos revelados: Obama tiene en Afganistán un problema más grave de lo que se suponía hasta ahora. La lucha antiterrorista contra los talibanes se estanca, los aliados de la OTAN ven cada vez con mayor escepticismo la mayor operación en la historia de la alianza e, incluso, aumentan las dudas sobre la promesa de Obama de retirar las tropas a mediados del 2011. Incluso el senador John Kerry, compañero de partido de Obama, utilizó la filtración para criticar abiertamente la guerra: los documentos “arrojan serias dudas sobre la realidad de la estrategia estadounidense en Afganistán y Pakistán”, dijo el presidente de la Comisión de Exteriores en el Senado. Por otra parte, mucho de lo publicado por Wikileaks apenas sorprendió a los expertos en Estados Unidos. Incluso, la supuesta cooperación directa entre el servicio de Inteligencia paquistaní (ISI) con los talibanes. “No creo que alguien enterado esté sorprendido con que haya reparos en torno al ISI”, citó el blog Político a un alto funcionario del Gobierno.
Tampoco Kabul se mostró sorprendido por las revelaciones, y hasta las consideró una oportunidad. “La reacción inmediata del presidente (Hamid Karzai) fue que la mayor parte de esto no es nuevo, la mayor parte se discutió en el pasado y la mayor parte es lo que siempre planteamos a nuestros socios internacionales”, dijo el portavoz Wahid Omer. “Esto ayudará a aumentar la conciencia” sobre la situación, añadió. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, destacó que los documentos filtrados no revelan detalles del mando de guerra. “El riesgo para la seguridad nacional es muy bajo”, coincidieron expertos. Sin embargo, el incidente es una nueva bofetada para la estrategia de Obama en Afganistán. El comandante supremo de las tropas tendrá que hacer un esfuerzo supremo por subir la moral de los ciudadanos ante esta guerra, ya más larga que la de Vietnam, después de una cadena de traspiés.
El principal fue el protagonizado recientemente nada menos que por el entonces jefe de las tropas en Afganistán, Stanley McChrystal, quien se despachó a gusto contra el Gobierno y los diplomáticos en la revista Rolling Stone. La propia Wikileaks provocó más dolores de cabeza en abril al publicar un video en el que se ve un helicóptero del Ejército disparando contra civiles y periodistas en Irak. Ante esta delicada situación, lo último que necesita Obama son diferencias de opinión sobre la guerra en su entorno. Por eso, tras el incidente, McChrystal intentó llamar al orden a todo su equipo para Afganistán, incluyendo secretarios, jefes de seguridad y diplomáticos de alto rango. “Es el momento de acabar con las diferencias de opinión entre los implicados, aplacar sus egos y ocuparse de su trabajo”, fue el lema impuesto por Obama. Las revelaciones de Wikileaks dificultarán aun más ese objetivo.
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